Varices y accidentes cerebro-vasculares

Aunque las venas varicosas son un problema bastante común, casi siempre se suelen considerar como un simple inconveniente cosmético, aunque existen casos que demuestran la existencia de una relación entre los accidentes cerebro-vasculares (derrames cerebrales, apoplejías, etc.) y las varices. Es bastante raro que las venas varicosas acaben provocando un bloqueo total del flujo de sangre, pero es una posibilidad que cualquier persona que tenga varices debería consultar con su médico.

Las varices afectan normalmente a la parte baja de las piernas y los pies, pero es el potencial de coagulación de la sangre lo que las podría conectar con los accidentes cerebro-vasculares, especialmente en personas con una enfermedad cardiaca congénita conocida como defecto del septo interauricular. Esta enfermedad provoca que la sangre de la aurícula derecha pase a la izquierda, y viceversa.

Un posible síntoma relacionado con las varices y que puede precipitar un accidente cerebro-vascular es la trombosis venosa profunda, que se da cuando aparece un coágulo de sangre o trombo en las venas profundas, normalmente de las piernas. Aunque el punto exacto donde está el coágulo normalmente no queda claro, los síntomas de una trombosis venosa profundan incluyen inflamación, dolor y enrojecimiento en la pierna.

En pacientes cuyo historial médico muestre una predisposición a los accidentes cerebro-vasculares y que padezcan de gran número de varices, el médico normalmente iniciará algún tratamiento no quirúrgico como la hidroterapia o quitar presión de las piernas recomendando que camine descalzo. Algunos incluso recomendarán ciertos ejercicios, pero no existen pruebas clínicas de que esta táctica haya supuesto una mejoría. Las medias de compresión pueden mejorar las molestias y los anestésicos tópicos ayudarán a aliviar el picor.

Algunos pacientes pueden necesitar una cirugía para eliminar las varices. Durante la cirugía tradicional se elimina la vena afectada por completo y, en casos raros, se coloca una vena artificial para reemplazarla. Esto reestablece el flujo sanguíneo y reduce el riesgo de accidente cerebro-vascular, eliminando además las venas varicosas, que dejan de ser visibles. Aunque algunas venas pueden ser reemplazadas, la mayoría simplemente se eliminan en las áreas en las que el flujo sanguíneo puede encontrar una nueva ruta.

Otros procedimientos quirúrgicos que usan láser o escleroterapia están cada vez más en boga, no obstante, por ser menos invasivos y, por lo tanto, más seguros y con menos efectos secundarios.

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