Varices en el esófago

Cuanto más estudiamos la patología de las venas varicosas, más nos sorprende la increíble variedad de manifestaciones que pueden tener. Podemos encontrar estudios sobre el efecto de las varices cuando aparecen en la vagina, de su aparición en los párpados, etc., pero uno de los lugares más interesantes y potencialmente peligrosos en los que se forman las varices es en el esófago.

Las varices esofágicas son en realidad muy similares a las que se forman en las piernas. En ambos casos aparecen venas retorcidas, en ocasiones prominentes y/o dilatadas. La restricción del flujo sanguíneo se da a la vez que el sistema circulatorio incrementa la presión que tiene que ejercer.

En el esófago podemos observar estas mismas altas presiones, aunque en este caso comprometen al sistema porta hepático. En este sistema, las venas que se originan en los capilares de cualquier parte del tracto digestivo para transportar los productos de la digestión se convierten otra vez en capilares al llegar al hígado. Cuando le presión sube, el organismo capta sangre que debería estar implicada en otras tareas fisiológicas y la envía a las varices del esófago.

Aunque es posible que también se den varices en el recto o en el estómago, es su tendencia al sangrado lo que las hace peligrosas. Cuando la tensión en las paredes de las venas varicosas llega al límite, éstas pueden llegar a romperse, añadiendo más complicaciones a un escenario ya de por sí complejo.  Llegados a este punto, tendremos que llevar a cabo una endoscopia para localizar con precisión el punto de ruptura y así poder determinar de dónde procede la sangre. Una vez que este punto es localizado, se tiene que inyectar una sustancia química esclerosante en las varices para solidificarlas, dejando que el organismo reabsorba el tejido posteriormente.

Esta terapia no es la única disponible para este tipo de casos. Existe la alternativa de realizar una ligadura endoscópica. Con este procedimiento, se usa un endoscopio para colocar una ligadura muy pequeña pero duradera en la propia vena varicosa. Habiendo cortado el flujo sanguíneo, la vena dejará de funcionar y, con el tiempo, se desintegrará y reabsorberá.

Una vez llevado a cabo el tratamiento, el revestimiento del esófago, anteriormente dañado, empezará a curarse.

Muchos pacientes se preguntarán si este procedimiento es doloroso. La mayoría de las personas que se han sometido a él no sienten dolor durante el mismo, y es mucho más frecuente que experimenten algo de dificultad para tragar tras una ligadura endoscópica (o varias). Puede que esto se deba al espacio que ocupan las ligaduras en el esófago. Se ha demostrado que evitando la ingesta de comida muy densa como, por ejemplo, la carne, este efecto secundario se puede mitigar. Esta abstinencia no tiene porqué prolongarse más de dos o tres días tras la operación. Es necesario tratar con suavidad el sistema digestivo durante unos días para que pueda recuperarse.

Comments are closed.