Examen del reflujo venoso

Un examen del reflujo venoso es una herramienta diagnóstica no invasiva usada para evaluar la eficacia de las venas en cuanto a su funcionamiento, comprobando el reflujo venoso y confirmando o excluyendo diagnósticos de insuficiencia venosa.

Existen dos exámenes no invasivos del reflujo venoso que son usados de forma general para diagnosticar la insuficiencia venosa, el reflujo venoso y otras enfermedades de las venas.

El primero consiste en aplicar un sensor a la pierna del paciente para medir el tiempo que tarda la sangre en ser enviada al corazón y regresar después al tobillo.

El segundo aplica ultrasonidos para hacer un mapa de las venas, determinando la dirección y la velocidad del flujo sanguíneo, identificando venas problemáticas y midiendo el grado de desempeño de las válvulas.

Los exámenes del reflujo venoso que usan ultrasonidos o sensores son menos invasivos que las venografías, las arteriografías y otras herramientas diagnósticas.

Los pacientes a los que se suele someter a esta prueba son aquellos que ya han sido diagnosticados con un reflujo venoso o una insuficiencia venosa, junto con los que tienen síntomas que puedan estar relacionados, tales como decoloración de la piel, sensación de pesadez o dolor en las piernas, inflamación crónica, varices, o úlceras venosas.

Durante el examen del reflujo venoso mediante sensor, se le pide al paciente que mueva el pie arriba y abajo repetidamente para incrementar el flujo sanguíneo hacia el corazón. El sensor mide el tiempo que tarda la sangre en ser enviada de vuelta al músculo cardíaco y el que tarda en regresar al tobillo. Los resultados de este examen suelen estar disponibles a los pocos días de haber sido realizado e incluyen medidas que permiten al médico determinar el buen o mal funcionamiento de las válvulas y confirmar o excluir un diagnóstico de reflujo venoso o insuficiencia venosa.

Durante el examen del reflujo venoso con ultrasonidos se realiza normalmente un ultrasonido dúplex completo. El paciente debe tumbarse en una mesa para que el personal médico le aplique un gel conductor y pase, posteriormente, un aparato manual de ultrasonidos por el área a examinar. Durante el test, el reflejo de las ondas sonoras se usa para crear imágenes que permitirán al médico ver las venas y válvulas y determinar cómo se mueve la sangre. El examen dura entre 40 minutos y una hora si ambas piernas son evaluadas.

Al ser ambos procedimientos no invasivos, no requieren de ningún tiempo de recuperación. El paciente puede volver a sus actividades normales inmediatamente después de someterse al examen sin ningún tipo de periodo de convalecencia o cuidados posteriores. No existen tampoco riesgos o complicaciones asociados.

El médico, tras recibir los resultados, podrá elaborar el plan de tratamiento más adecuado.

 

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