Comprender las hemorroides

Las hemorroides son venas inflamadas en el recto. Las venas hemorroidales están localizadas en la parte más baja del recto y el ano. A veces se hinchan, por lo que las paredes de las venas se estiran y adelgazan, irritándose a causa de los movimientos intestinales propios de la defecación.

Las hemorroides se clasifican en dos categorías generales: internas y externas.

Las hemorroides internas se sitúan dentro del recto de tal forma que no podemos verlas ni notarlas. Normalmente no duelen porque hay pocos receptores nerviosos del dolor en la zona del recto. El sangrado puede ser la única señal de que están ahí. En ocasiones, las hemorroides cambian de posición, aumentan de tamaño o sobresalen por fuera del esfínter anal. Si esto ocurre, podremos verlas o tocarlas, y tendrán una apariencia de almohadillas rosadas y húmedas. Las hemorroides que se han desplazado de su sitio pueden doler porque el ano tiene gran cantidad de receptores del dolor. Por lo general, vuelven a retroceder hacia el recto por sí mismas pero, si no lo hacen, podemos empujarlas suavemente hacia su lugar.

Las hemorroides externas aparecen en el ano y suelen ser dolorosas. Si una hemorroide externa se mueve hacia fuera (normalmente durante la defecación), podremos verla y tocarla. En ocasiones se forman coágulos de sangre dentro de las hemorroides externas, causando una trombosis muy dolorosa. Si una hemorroide desarrolla trombosis su aspecto puede llegar a asustar porque se vuelve púrpura o azul y, en ocasiones, sangra. A pesar de esta apariencia, las hemorroides con trombosis no suelen revestir gravedad y mejoran por si mismas en alrededor de una semana. Si el dolor es insoportable, nuestro médico puede eliminar la hemorroide.

El sangrado anal y el dolor son síntomas alarmantes que deben ser evaluados, ya que pueden ser el signo de una enfermedad muy grave, como el cáncer colorrectal. Sin embargo, la causa más común del sangrado anal son las hemorroides y éstas rara vez son peligrosas, aunque en todo caso debemos acudir a la consulta médica.

Las causas de las hemorroides son variadas. En EEUU, alrededor de la mitad de la población sufrirá de hemorroides en algún momento de su vida, especialmente entre los 20 y los 50 años. Esta debilidad en las venas, que provoca las hemorroides y otros tipos de varices, puede ser heredada.

Una presión abdominal muy fuerte es capaz de provocar la inflamación de las venas, que se volverán irritables. Dicha presión puede estar causada por permanecer mucho tiempo levantados o sentados, toser, estornudar, vomitar o contener el aliento al realizar una actividad física intensa. También son posibles causas el estreñimiento, la obesidad y el embarazo.

El tipo de dieta juega un papel fundamental en la aparición – y la prevención – de las hemorroides. Las personas que llevan una dieta rica en fibra son menos propensas a padecerlas, mientras que las que siguen una dieta rica en comidas preparadas lo son más. Una dieta baja en fibra o una ingesta inadecuada de líquidos pueden llevar al estreñimiento, el cual causa a su vez las hemorroides de dos formas distintas: hace que tengamos que hacer más esfuerzos en el baño y endurece las deposiciones, lo que provoca que las venas ya inflamadas se irriten aún más, agravando el cuadro.

 

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