La importancia del diagnóstico en las varices

Los síntomas más comunes que provocan las varices incluyen dolor en las piernas junto con sensación de pesadez, calambres, picor, grandes venas muy visibles, y decoloración, hinchazón o incluso ulceraciones en la zona de los tobillos. Sin embargo, a veces ni siquiera causan síntomas más allá de su mal aspecto. La mayoría de la gente puede pensar que las venas varicosas son un problema cosmético sin mayor importancia al que no debe darse prioridad, y por ello dejan sus varices sin consulta o tratamiento. En muchos casos los pacientes no son conscientes del peligro que esta actitud conlleva.

La sintomatología previamente descrita puede empeorar si pasamos muchas horas de pie, si hace mucho calor, tras el ejercicio físico o, en el caso de las mujeres, durante el periodo menstrual. Por supuesto, en la mayoría de los casos el embarazo agrava todos los problemas relacionados con las venas varicosas, aunque en muchos casos éstos se alivian tras el parto.

Desgraciadamente, los síntomas de las varices son por lo general poco específicos y puede ser difícil relacionarlos con la gravedad de una enfermedad circulatoria. No obstante, la mayor parte de los problemas de varices se pueden resolver con algún tratamiento. Es importante que tengamos en cuenta que las varices son una enfermedad progresiva que empeora con el tiempo y puede terminar provocando complicaciones significativas.

Otro efecto secundario negativo que las venas varicosas pueden provocar es la sensación de fatiga crónica y de falta de energía. Cuando el problema empeora pueden aparecer decoloración y ulceraciones, ya que la sangre comienza a filtrarse desde la vena hacia los tejidos circundantes. En algunos casos, un dolor continuado en una o ambas piernas puede ser el indicador de una trombosis. Como se puede ver, los síntomas van de leves a graves, pero siempre es una garantía de salud que discutamos el problema con un médico especializado.

Aunque las varices suelen asociarse a las piernas, pueden aparecer en muchas otras partes del cuerpo, como por ejemplo la cara o el pecho. Las causas de su aparición también son muy variadas. Los médicos suelen prescribir tratamientos básicos para aliviar los síntomas, siendo uno de los más comunes el de las medias de compresión, así como las cremas tópicas que se aplican en el área afectada. Estas cremas suelen mejorar el estado de la piel que rodea las venas, mejorando su apariencia. En otras ocasiones, los facultativos pueden considerar más apropiado el tratamiento con láser o la cirugía tradicional.

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