Todo sobre las medias de compresión

Las medias de compresión ayudan a calmar los síntomas y a ralentizar el progreso de las varices. Mejoran la circulación y son uno de los pilares del tratamiento de las venas varicosas que causan síntomas (las varices menos importantes que no los causan no necesitan ningún tratamiento). Los médicos suelen recomendar que este tipo de medias se lleven durante todo el día, aunque no todas las personas que tienen varices las necesitan.

Para síntomas poco importantes, podemos comenzar usando medias normales de soporte o calcetines hasta las rodillas, que terminan justo por debajo de las mismas. Son una buena fórmula para aliviar considerablemente la inflamación y el dolor. Además, cuestan menos que las medias de compresión especiales que los médicos prescriben.

Estas medias están hechas con un material elástico más ligero y crean una presión uniforme por toda la pierna, aunque las mejores medias son las que hacen que la presión vaya decreciendo de abajo a arriba, por lo que son llamadas de compresión gradual. Es por esto que las medias que llegan hasta el muslo no son las más adecuadas. Sin ligas que las sujeten suelen caerse y enrollarse, con lo que solo empeoraríamos el problema. Estas medias, de más bajo precio, son interesantes para situaciones temporales como el embarazo o para síntomas leves, ya que no interfieren con la rutina diaria. Además, en estos casos moderados no suele ser necesario llevar las medias todo el día, sino que basta con ponérselas cuando no es posible activar circulación levantándonos un rato o caminando.

Debemos evitar las vendas elásticas si tenemos venas varicosas a no ser que nuestro médico nos las recomiendo, ya que pueden llegar a cortar la circulación y hacer también que nuestras varices empeoren. Si nuestro médico nos recomienda este tipo de vendaje, deberemos asegurarnos de comprender cómo colocarlo correctamente.

En el caso de tener síntomas serios, lo ideal es que compremos medias de compresión especialmente indicadas en nuestra farmacia. Estas medias aportan una mayor sujeción que va disminuyendo desde el tobillo hasta la ingle (compresión gradual), y tienen que ser reemplazadas cada 4 ó 6 meses.

Cuando pensamos en medias de compresión, la intuición nos dice que pueden tener un resultado opuesto al esperado, pero en realidad estas medias aprietan sobre todo en el tobillo, aflojándose poco a poco al subir hacia el muslo. Como resultado consiguen forzar la sangre para que suba por su recorrido natural, aunque las venas estén dañadas.

Para colocarnos las medias de compresión, debemos sujetar la zona de los dedos de los pies de las medias y darles la vuelta hasta la mitad. Tras este paso, pondremos el pie dentro del calcetín o media y lo deslizaremos con suavidad hasta el tobillo, subiéndolo después por la pantorrilla con un movimiento suave. No hay que sujetar la parte alta de la media y tirar hacia arriba, porque podríamos romperla. Si nos ponemos unos guantes, es más fácil deslizar el calcetín.

En todo caso es importante que no compremos medias que nos aprieten demasiado o nos hagan sentir incómodos, ya que acabaremos por no usarlas.

Tenemos que ponernos nuestras medias de compresión nada más levantarnos, porque si esperamos, las piernas y los pies pueden hincharse.

No obstante, las medias de compresión también tienen sus desventajas:

  •  Dan calor y a veces es incómodo llevarlas puestas todo el día.
  •  Son caras.
  •  Algunas personas mayores, con artritis o exceso de peso pueden tener dificultades para ponérselas.

En todo caso, tenemos que comparar estos inconvenientes con la posibilidad de que, gracias a ellas, podamos evitar una cirugía, en especial si las combinamos con una dieta, ejercicio y algunas modificaciones en nuestra rutina. No solo eso, sino que también nos pueden ayudar a recuperarnos tras una operación.

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