¿Necesito operarme de varices?

La cirugía tradicional de varices incluye el ligamiento de las mismas y la extracción de las venas más grandes. Se trata de una cirugía menor y suele emplear en los siguientes supuestos:

  • Las varices no responden a los tratamientos caseros (medias de compresión, elevación de piernas, adelgazamiento, ejercicio, etc.) y los síntomas, como el dolor, la inflamación y la pesadez, son molestos.
  • Una vena varicosa sangra.
  • Han aparecido úlceras por culpa de una variz o de la mala circulación.
  • La vena está dañada en una sección donde se unen las venas profundas y superficiales en la rodilla o la ingle.
  • El paciente está preocupado por la apariencia de sus varices y el tratamiento láser, con radiofrecuencia o la escleroterapia probablemente no la mejorarían satisfactoriamente.

Los objetivos principales de una operación de varices son eliminar las venas dañadas y prevenir las complicaciones asociadas con ellas, como las úlceras. Si la vena propiamente dicha y varias de sus válvulas están gravemente dañadas, dicha vena (o la parte dañada de la misma) es extraída realizando una incisión bajo ella e introduciendo un instrumento flexible dentro a través es esta incisión para agarrar la vena y sacarla.

Durante esta cirugía se hacen una o más incisiones sobre las venas dañadas y después se ligan (se atan). Si la ligadura corta la parte dañada de la vena y el resto de ella, junto con las válvulas que se encuentran bajo la zona dañada, están sanas, se puede dejar la vena en su sitio para que continúe funcionando.

Tras una extracción y ligamiento de venas no se suele necesitar hospitalización, por lo que el procedimiento normalmente es ambulatorio, empleando una anestesia general o local. La mayoría de la gente se va a casa el mismo día de la operación.

Es probable que podamos regresar al trabajo en unos días y, tras varias semanas, volver a realizar todas nuestras actividades habituales.

Los procedimientos menos invasivos son siempre una opción a considerar, y se realizan mucho más frecuentemente que la cirugía tradicional, ya que pueden dar buenos resultados y comportan menos riesgos. Estos procedimientos incluyen el tratamiento láser (también el láser endovenoso), la microflebectomía y la radiofrecuencia.

La terapia láser usa unos láseres que penetra en profundidad para conseguir cerrar las varices, mientras que con la microflebectomía se realizan varias incisiones pequeñas que no requieren puntos a través de las cuales se extraen las varices. En el caso de la radiofrecuencia, se usa este tipo de energía en lugar del láser para cerrar las venas.

Si tenemos tanto varices grandes como pequeñas, podemos someternos a distintos tipos de tratamiento, usando la extracción y el ligamiento quirúrgico o la radiofrecuencia para las varices grandes y la escleroterapia o el láser, por ejemplo, para las pequeñas. La escleroterapia es un procedimiento en el que se inyecta una sustancia química directamente en la vena para lograr que se cierre.

Si está pensando en someterse a una cirugía, lo más probable es que necesite hacerse algunas pruebas (como un ultrasonido dúplex) para conocer en detalle dónde se encuentran las válvulas dañadas en las venas. Estas pruebas mejoran las probabilidades de éxito de la cirugía.

El ligamiento y la extracción de varices logran que éstas no vuelvan a reproducirse en el 90% de los casos, pero no funcionan en el 10% restante.

Es importante que nos informemos también de los peligros y beneficios pormenorizados de los procedimientos a los que pensamos someternos, así como del índice de éxitos y la experiencia que nuestro médico tiene con cada uno de ellos.

Algunas personas quieren pasar por el quirófano para mejorar el aspecto de sus piernas, aunque sus varices no les causen mayores problemas. La cirugía puede ser apropiada en algunos casos, siempre y cuando no tengamos otros problemas de salud que aumenten los riesgos de la intervención.

El ligamiento y la extracción de varices comportan algunos riesgos, tales como las cicatrices y la reproducción de las venas varicosas. Además, si el sistema venoso profundo está dañado, la cirugía puede empeorar los problemas circulatorios del paciente. Otros efectos secundarios pueden ser la sensación de adormecimiento, normalmente leve, y en ocasiones una inflamación debida a la reducción del riesgo sanguíneo. Las operaciones de varices tienen los mismos riesgos asociados que cualquier otra cirugía general, incluyendo la infección, el sangrado y los peligros asociados con la anestesia.

Si la vena más grande de la pierna (la vena safena mayor, o VSM) es extraída por debajo de la rodilla, se puede causar entumecimiento por daños en el nervio. En el pasado había gran reticencia a extraer la safena mayor, ya que esta vena podía usarse para reemplazar o hacer un injerto en una arteria cardiaca cuando se hacía un bypass, pero en la actualidad los médicos opinan que no hay razón para no extraerla si es necesario. Si la vena está muy dañada, no se podría usar tampoco en un bypass. En muchos casos se puede utilizar una vena del pecho (la arteria mamaria) en lugar de la safena mayor para este tipo de operaciones de corazón. Además, se pueden usar también venas del brazo si fuera necesario.

Por otra parte, los tratamientos menos invasivos no están tampoco exentos de riesgo. La reproducción de las varices es uno de los más habituales, pero también pueden aparecer coágulos en las venas, pequeñas cicatrices, ulceraciones y, raramente, cambios permanentes en el color de la piel o la formación de pequeños vasos sanguíneos nuevos en la zona tratada. En el caso de la escleroterapia debemos tener en cuenta el riesgo (poco frecuente) de tener una reacción alérgica al químico inyectado, mientras que con la radiofrecuencia podemos experimentar entumecimiento en la zona de inserción del catéter.

No deberían someterse a una extracción y ligamiento quirúrgico de varices:

  • Los adultos mayores para los cuales una cirugía supone un riesgo elevado debido a su deteriorado estado de salud.
  • Personas que tienen mala circulación en las arterias de las piernas.
  • Personas que tienen inflamación y acumulación de líquidos a causa de una obstrucción de los canales linfáticos (linfedema), infecciones de la piel o defectos en la coagulación.
  • Las mujeres embarazadas.
  • Personas que tienen una conexión anormal entre una arteria y una vena (fístula arteriovenosa) en la pierna.

En las personas con insuficiencia venosa crónica ocasionada por problemas en las venas profundas muy pocas veces se realiza una cirugía de extracción de venas, ya que al extirpar las venas varicosas cercanas a la superficie de la piel se pueden causar mayores problemas si las venas profundas de la pierna están a su vez dañadas. También están sujetos a un mayor riesgo las personas con un historial de coágulos sanguíneos o trombos en las venas profundas (trombosis venosa profunda), o coágulos e inflamación en las venas más pequeñas cercanas a la superficie (tromboflebitis).

Aparte de todas estas consideraciones, debemos consultar siempre con un especialista vascular antes de tomar cualquier decisión.

 

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